Dice la RAE que plagiar es «copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias». Y digo yo que el respeto al trabajo de los demás merece una pequeña reseña, citando la procedencia de lo que se «copia».
No es la primera vez que una información elaborada por nosotros aparece como propia en otro medio. Y no un copia y pega, sino unos cuantos cambios en el orden, algún que otro pequeño retoque, un ajustillo por aquí y otro por allá. Claro que siempre queda un rastro. En esta ocasión la gráfica, que aparentemente podría estar sacada de cualquier lado y tenerla cualquiera, tiene una errata casi imperceptible pero que delata la copia, unas pequeñas sombras sobre el texto.

Obviamente la gráfica existe en su fuente original, pero sin este fallo fruto de nuestra reproducción.
El artículo completo nuestro y el del copiador lo pueden ver bajo esta líneas. Queda patente la copia, imitación, réplica, reproducción, falsificación, remedo, o cómo se quiera denominar.

Nuestra curiosidad nos llevó a verificar si nuestras observaciones tenían algún fundamento más allá de la gráfica y utilizamos «plagium», para verificar si se podría catalogar como un verdadero plagio.
Los resultados están a la vista, no hay mucho más que explicar, al menos por nuestra parte. Los otros tres documentos que se citan en el análisis son de nuestros propios medios, o de alguien que nos copia y nos cita como la fuente.

Esta copia burda de nuestra información no tendría importancia si fuera la primera vez que sucede, pero no es así, aunque tampoco ahora voy a hacer un listado de las veces que ha sucedido en el pasado.
Este artículo no es siquiera una advertencia o un aviso de acciones que podríamos emprender, es solo una llamada al respeto del trabajo de las personas que dedican un tiempo de su jornada a buscar información y elaborarla. En el futuro estamos seguros de que dejará de suceder.





