Y sucedió lo que nadie en el sector de la eólica marina en Canarias esperaba. Se había contagiado la esperanza de que en el discurso de apertura de la WindEurope 2026 que se celebra en Madrid desde este martes, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunciara la tan esperada y deseada subasta eólica, que sería el pistoletazo de salida definitivo al desarrollo de la misma, no solo en Canarias sino en todo el estado español.
Pero no fue así, y en los rostros y en los corros se leía la decepción. El sector público y privado de Canarias consolida una posición única en España mientras el Gobierno central sigue sin dar el paso que desbloquee una industria estratégica.
Canarias ha hecho todo lo que tenía que hacer. Y algo más. Lo que no ha hecho —todavía— es esperar sentada.
Este binomio público privado representado por más de 40 empresas e insituciones, lució sus mejores galas en el stand ubicado en la WindEurope 2026, en su inauguración, se vivió una sensación difícil de disimular: la de una oportunidad madura, trabajada y alineada… que sigue pendiente de una decisión política que no llega.
Porque esa es la realidad. No hay un problema técnico. No hay un problema industrial. No hay un problema de capacidad. Hay un problema de voluntad.

Cinco años de trabajo… y un silencio
Canarias lleva años construyendo un modelo que otras regiones apenas han empezado a esbozar. Más de 40 entidades, entre administraciones, empresas, centros tecnológicos y universidades, han trabajado de forma coordinada para preparar el terreno. El resultado es un ecosistema sólido, cohesionado y con una hoja de ruta clara. Un binomio público-privado que funciona.
Pero frente a ese esfuerzo sostenido, la respuesta del Ministerio sigue siendo la misma: indefinición. Se esperaba un anuncio. No llegó. Y lo preocupante ya no es que no llegue, sino que empieza a convertirse en costumbre.
Canarias no solo está preparada. Está mejor posicionada que nadie en España.
Condiciones meteoceánicas de primer nivel, un coste energético que hace viable la eólica marina desde el minuto uno, puertos capaces de absorber la actividad industrial, y un entramado técnico que incluye al Instituto Tecnológico de Canarias, la Plataforma Oceánica de Canarias o el conclomerado que reune el Clúster Marítimo de Canarias bajo su capa.
Es, sencillamente, el mejor laboratorio natural de Europa para la eólica flotante.
Pero las ventanas de oportunidad no son eternas. Y en este sector, el tiempo no se mide en meses, se mide en posicionamiento estratégico. Cada retraso es una oportunidad que otros territorios sí están aprovechando.
El discurso ya no basta
Durante años, el relato institucional ha sido impecable: descarbonización, transición energética, liderazgo industrial, empleo de calidad. Todo eso sigue siendo cierto. Pero empieza a sonar vacío si no va acompañado de decisiones concretas. Porque la eólica marina en Canarias no necesita más diagnósticos. Necesita permisos, subastas y calendario.
El sector lo ha entendido. Las empresas siguen preparándose, formando talento, tejiendo alianzas y posicionándose incluso a nivel internacional. Canarias ya no va a ferias como observador, va como actor.
El mensaje que sale de Canarias es claro y, esta vez, también más exigente. No se pide una oportunidad a futuro. Se exige que se active una realidad que ya está preparada.
Desde el Gobierno de Canarias, desde la Autoridad Portuaria de Las Palmas y desde el conjunto del sector se insiste en lo evidente: si el primer parque eólico marino de España no se desarrolla en Canarias, no será por falta de capacidad en las islas. Será por una decisión política que habrá ignorado el lugar donde todo estaba listo.
Y eso tiene consecuencias. Consecuencias en empleo, en inversión, en posicionamiento internacional y, sobre todo, en credibilidad. Porque no hay peor mensaje para un sector que lleva años trabajando que el de la parálisis institucional.
Canarias no va a parar
A pesar de todo, el sector no se detiene. Y eso, quizá, es lo más relevante. Así lo han anunciado después del jarro de agua fría. Se seguirá formando talento. Se seguirán consolidando alianzas. Se seguirá presionando. Pero también se seguirá mirando a Madrid. Porque la eólica marina en Canarias ya no es una promesa. Es una decisión pendiente.
Y cada día que pasa sin tomarla no es neutro. Es, simplemente, tiempo perdido.
En este partido perdido en el marco incomparable de la WindEurope en la que Canarias, como ecosistema eólico marino, lleva participando, siempre sopla el viento, y una voz anónima dejó que sus palabras refrescaran un poco el ambiente. La Secretaría de Estado, según fuentes sin confirmar, estaría barajando diciembre de 2026 como fecha límite de la convocatoria de la subasta eólica.
Toca cruzar los dedos, trabajar con ese marco temporal, y seguir demostando que Canarias está ahí.















