La reciente situación de monopolio temporal de Fred. Olsen Express en las conexiones marítimas de El Hierro ha derivado en un escenario difícil de justificar y aún más difícil de asumir para los residentes de la isla. Con la compañía operando en solitario, la tarifa más habitual —dos personas más vehículo— ha experimentado una subida superior al 20%, un incremento que no responde a mejoras del servicio ni a nuevas obligaciones operativas, sino, simplemente, a la oportunidad de exprimir al pasajero.
El Hierro es la isla más pequeña y una de las más dependientes de la conectividad marítima para el transporte cotidiano, laboral, sanitario y económico con Tenerife. Cualquier variación en los precios impacta de forma directa en el bolsillo de los herreños, y más aún cuando se trata de incrementos que bordean lo abusivo.
Un monopolio inesperado… y aprovechado
La ausencia temporal de competencia ha convertido lo que debería ser un periodo de estabilidad y responsabilidad empresarial en una ocasión para elevar tarifas sin justificación aparente. No ha habido un incremento súbito del coste del combustible, ni una variación estructural en las operaciones, ni un aumento de frecuencias que compensara semejante subida. Lo que sí ha habido es una ventana para imponer precios sin contrapeso competitivo. Y Fred. Olsen la ha aprovechado.
Resulta especialmente llamativo que, mientras distintas administraciones y organismos reclaman continuamente que exista competencia en las rutas interinsulares, no se actúe con la misma contundencia para evitar estos abusos cuando el mercado queda en manos de un solo operador.
Las autoridades portuarias, que tienen entre sus responsabilidades velar por un funcionamiento equilibrado y justo del sistema, deberían haber puesto el foco sobre este movimiento tarifario desde el primer momento. Un aumento de más del 20% en una ruta esencial no puede ni debe pasar inadvertido bajo el argumento de “libertad comercial”, cuando claramente afecta al interés general y al principio de accesibilidad que debe regir el transporte marítimo en las islas.
Los herreños, los grandes perjudicados
El Hierro, una isla que vive de su conectividad, sufre hoy una doble vulnerabilidad: la falta de competencia y el uso oportunista de esa situación por parte del operador restante.
No se trata solo del encarecimiento de un billete; se trata de la percepción de desprotección. De la idea, cada vez más extendida entre vecinos y profesionales, de que cuando una empresa puede subir precios sin límites, lo hace, aunque ello suponga castigar a una comunidad pequeña, aislada y dependiente.
Este episodio debería servir como llamada de atención. No basta con promover la competencia; es igualmente necesario supervisar de manera proactiva los comportamientos de los operadores cuando las circunstancias les otorgan una posición dominante, aunque sea temporal.
El transporte entre islas no es un lujo: es un servicio esencial. Y cuando una compañía aprovecha un monopolio accidental para engordar tarifas a costa del residente, las instituciones están obligadas a intervenir.
El Hierro merece que se garantice que ninguna empresa pueda convertir la conectividad en un negocio de ventaja, aprovechándose de la falta de alternativas.






