En la industria marítimo-portuaria solemos medir la competitividad en términos de infraestructura, productividad y eficiencia. Sin embargo, existe un activo mucho más difícil de construir y mucho más fácil de perder: la confianza.
Durante el panel «Liderazgo Femenino con Impacto» del Programa LIFE 2026, Carla Ramírez, Head of Corporate Affairs and Legal de APM Terminals Guatemala, propuso mirar el liderazgo desde esa perspectiva. A partir de la experiencia de una compañía con más de 120 años de trayectoria, presencia en más de 130 países y un rol como integrador de la cadena logística global, sostuvo que la confianza no es una consecuencia del éxito, sino la condición que permite alcanzarlo.
Su reflexión adquiere especial relevancia en un contexto marcado por la incertidumbre. La transformación del comercio internacional, la reconfiguración de las cadenas logísticas, las tensiones geopolíticas y los cambios que atraviesan las organizaciones exigen liderazgos capaces de generar credibilidad antes que certezas.
La experiencia de APM Terminals Guatemala lo demuestra. Durante más de siete años, la empresa atravesó un proceso de nulidad contractual que puso a prueba mucho más que su capacidad jurídica. El verdadero desafío fue preservar la confianza de colaboradores, clientes, autoridades y demás grupos de interés para garantizar la continuidad operativa. La estrategia no fue únicamente legal; fue, ante todo, humana.
Ese recorrido deja una enseñanza que trasciende el caso particular. La continuidad de una organización no depende solo de su infraestructura, de su tecnología o de la calidad de sus procesos. También se sostiene sobre una red de relaciones basada en la credibilidad, la coherencia y la confianza. Cuando ese activo se fortalece, las organizaciones desarrollan una capacidad mucho mayor para atravesar escenarios complejos.
Cuando los valores se convierten en decisiones
Los valores corporativos suelen estar presentes en las declaraciones institucionales, en los informes de sostenibilidad o en las paredes de una oficina. Sin embargo, su verdadero significado no se pone a prueba cuando todo funciona según lo previsto, sino cuando las organizaciones atraviesan momentos de incertidumbre.
Fue precisamente esa una de las ideas centrales compartidas por Carla Ramírez. En APM Terminals, explicó, los valores no son un marco conceptual; son la referencia que orienta la forma de actuar cuando las circunstancias exigen tomar decisiones complejas. Como resume una de las diapositivas de su presentación: «Cuando los valores marcan el rumbo, el liderazgo encuentra el camino.»
En ese sentido, la confianza no nace únicamente de una buena comunicación o de un liderazgo cercano. Comienza mucho antes: en la coherencia entre los principios que una organización declara y las decisiones que toma, incluso —y especialmente— cuando el contexto es adverso.
Cómo se construye la confianza
Si la confianza es un activo estratégico, la siguiente pregunta es inevitable: ¿cómo se construye?
Durante su presentación, Carla retomó el modelo desarrollado por Frances Frei para responder esa pregunta. La confianza, explicó, no depende del azar ni de la personalidad de un líder. Es el resultado de tres dimensiones que se fortalecen de manera simultánea: autenticidad, lógica y empatía.
Más que una teoría, el modelo ofrece una forma práctica de entender por qué algunas organizaciones logran sostener la confianza incluso en contextos de incertidumbre.
La autenticidad permite que las personas perciban transparencia y coherencia. No implica tener todas las respuestas, sino actuar con honestidad, reconocer aquello que aún no está resuelto y comunicar desde la verdad. Como señaló Ramírez, el liderazgo auténtico no debilita la autoridad; por el contrario, la fortalece.
La lógica está asociada a la capacidad técnica y al criterio para tomar decisiones. Las personas necesitan confiar en que quienes lideran comprenden el contexto, analizan la información disponible y actúan con coherencia. En organizaciones complejas, la credibilidad también se construye demostrando cómo se llega a cada decisión.
La empatía, finalmente, recuerda que ninguna decisión ocurre en el vacío. Escuchar, comprender el impacto que las acciones tienen sobre otras personas y generar espacios de diálogo son prácticas que fortalecen la confianza y permiten sostener los vínculos incluso cuando las circunstancias son adversas.
Lo interesante de este enfoque es que ninguno de los tres pilares funciona por separado. La ausencia de uno debilita a los demás. Una organización puede ser técnicamente impecable, pero perder credibilidad si comunica con opacidad. Puede mostrar cercanía con sus equipos, pero generar incertidumbre si sus decisiones parecen inconsistentes. O puede ser transparente, pero no inspirar confianza si carece de capacidad para ejecutar lo que propone.
La confianza surge cuando autenticidad, lógica y empatía dejan de ser conceptos y se convierten en una forma de liderar.
Liderar también es explicar
En organizaciones acostumbradas a tomar decisiones complejas, existe una tendencia natural a concentrarse en el resultado. Sin embargo, uno de los aportes más interesantes de la conferencia fue poner el foco en el proceso.
Las personas no solo necesitan saber qué decisión se tomó. También necesitan comprender por qué se tomó.
Explicar los criterios, compartir el análisis y hacer visible el razonamiento fortalece la legitimidad de las decisiones, especialmente en contextos donde la incertidumbre puede generar dudas o interpretaciones diferentes.
En un sector como el marítimo-portuario, donde convergen intereses públicos y privados, marcos regulatorios, inversiones de largo plazo y múltiples actores, esa capacidad de explicar se convierte en una herramienta de liderazgo.
La confianza crece cuando las personas entienden la lógica que sostiene una decisión, incluso si esa decisión no siempre coincide con sus expectativas.
La empatía como herramienta de gestión
Durante mucho tiempo, la empatía fue considerada una habilidad vinculada exclusivamente a las relaciones personales. Hoy ocupa un lugar cada vez más relevante en la gestión de las organizaciones.
No porque reemplace al conocimiento técnico, sino porque permite comprender cómo impactan las decisiones sobre quienes deberán implementarlas, acompañarlas o convivir con sus consecuencias.
Escuchar activamente, reconocer preocupaciones, abrir espacios de diálogo y comprender diferentes perspectivas no elimina los desafíos propios de la gestión. Pero sí modifica la forma en que esos desafíos son afrontados.
Como sintetizó Carla Ramírez, la empatía convierte la incertidumbre en conexión.
En un ecosistema tan diverso como el marítimo-portuario, donde interactúan colaboradores, clientes, autoridades, comunidades y socios estratégicos, esa capacidad deja de ser una competencia complementaria para transformarse en una herramienta esencial de liderazgo.
La confianza se construye todos los días
Existe una tendencia a pensar que la confianza se gana durante las grandes crisis. La experiencia demuestra exactamente lo contrario.
Las crisis no construyen confianza; simplemente ponen a prueba la que ya existía.
Por eso, la confianza no depende de un discurso inspirador ni de una decisión excepcional. Se fortalece en los pequeños gestos cotidianos: en la coherencia entre lo que una organización dice y hace, en la forma en que escucha, en la manera en que explica sus decisiones y en el ejemplo que ofrecen quienes lideran.
Ese fue, quizás, el mensaje más profundo de la presentación de Carla Ramírez.
Porque, al final, el liderazgo no consiste únicamente en alcanzar resultados. Consiste en crear entornos donde las personas se sientan escuchadas, respetadas y parte de un propósito compartido.








