La nueva guerra en Irán pinta fatal en todos los sentidos. En primer lugar, la pérdida de vidas humanas inocentes, que haciendo su vida diaria se ven bombardeas sin quererlo ni poder evitarlo. En segundo lugar, la disrupción en las cadenas de suministro globales basadas en el transporte marítimo, que ya se vieron afectadas por los ataques de los piratas hutíes del Mar Rojo a finales de 2023. Pues ahora, parece que el tercer punto crítico lo vamos a padecer en el transporte aéreo.
Hasta la semana pasada, EEUU estaba negociando con Irán, con la mediación de Omán, el cese de enriquecimiento de uranio, que podía derivar en la fabricación de armas nucleares. Según el ministro de asuntos exteriores omaní, que intermediaba en las conversaciones, el acuerdo estaba cerca de firmarse.

Ante tal escenario, EEUU, junto a Israel, ha decidido bombardear Irán, argumentando que es necesario un cambio de régimen en el país persa. Se trata de un ataque que viola todos los tratados internacionales de Paz. Donald J. Trump, al que le regalaron el premio Nobel de la Paz y le otorgaron un inventado premio de la Paz de la FIFA, anunció el ataque, afirmando que habría bajas militares estadounidenses, pero que eso es lo que pasa en las guerras…

La confirmada muerte del Alatllah Jamenei supone el nivel máximo de tensión geopolítica de las últimas décadas. Irán acaba de lanzar misiles a los países limítrofes aliados de EEUU.
La movilización de 101 buques militares, los cuales suponen un 34% del total de la armada americana ya hacía prever un inminente ataque. Los portaaviones, Ford y Lincoln, con decenas de F-35, F18, F16, etc. Los destructores guiados por misiles, con alcance de sus Tomahawks de hasta 2.500 kilómetros, y las decenas de buques de combate litoral, patrulleros y buques de apoyo, suponen el mayor despliegue de la US Navy desde la invasión de Irak. El hecho de que estén posicionados en el Mar Arábigo, el Estrecho de Ormuz, y el Mediterráneo oriental, dejan bloqueado el Golfo Pérsico, por lo que retomar el tránsito por el Canal de Suez parece un sueño lejano.

El nuevo trauma que supone este conflicto bélico, afecta al transporte aéreo de manera inconmensurable. La EASA (Agencia Europea de Seguridad Aérea) ha recomendado evitar espacios aéreos de 11 países: Irán, Irak, Israel, Jordania, Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Arabia Saudita, Omán y Líbano. Ello supone que más de 1.800 vuelos de cargueros y aviones de pasajeros con compartimentos de carga se han cancelado o desviado, suponiendo un caos generalizado en todas las rutas aéreas. En estos momentos hubs clave como DBX, DOH y AUH están paralizados. Etihad, Emirates, Qatar, Turkish, DHL o Fedex, entre otras, están seriamente afectadas por la capilaridad que supone el espacio aéreo del Golfo Pérsico.

Ante esta nueva disrupción, quizás la carga debe recurrir al tren intercontinental de Yiwu a Europa para no romper las cadenas de producción en Europa, o verse sumidas en la obligación del retraso que supone el tránsito marítimo por el Cabo de Buena Esperanza. Las empresas resilientes y los forwarders meor preparados sufrirán este nuevo Cisne Negro con menor repercusión que el montón. Es de esperar que la escalada no se torne nuclear…





