Creo que, en estos momentos, tenemos una espada de Damocles sobre la cabeza de Canarias y no terminamos de ser plenamente conscientes de la necesidad que tenemos en la calidad y cantidad del tráfico y comunicaciones con el exterior, tanto de personas como de mercancías.
Hay compañías navieras que anuncian que los transbordos que realizaban en Canarias ya no seguirán haciéndolos por motivos de rentabilidad, -entiendo que por la objetividad de la globalización en la que las Islas tienen un peso intrascendente-.
Parece ser que nuestra posición geográfica y los incentivos económicos y fiscales le son insuficientes. Como apuntaba en un artículo anterior, necesitamos consolidarlos, aumentarlos y añadirles nuevos incentivos para que la ola de la globalización nos traiga inversiones y no se convierta en un sunami que nos deje devastados.
No se trata de poner el pleito insular sobre la mesa, sino que las ocho islas se enfrentan a una pérdida de escalas y un más que posible encarecimiento de los fletes.

Curiosamente, cuando ocurrió lo mismo con el tráfico aéreo se negoció con compañías alternativas y se incrementaron los incentivos para anteponer el bienestar de los canarios -personas y empresas-. Actuaciones que esperamos urgentemente de los responsables de captación de tráficos marítimos, a través de un plan estratégico.
Ya que hablamos del tráfico aéreo, estamos percibiendo una distorsión importante en los servicios de entrega.
Por un lado, tenemos constancia de mercancía perecedera desviada a otros aeropuertos de Canarias porque los trámites de despacho y controles sanitarios no funcionan los fines de semana, ni para casos urgentes, algo que es imposible de admitir cuando nadie discute que deben simplificarse los procedimientos administrativos.
Por otro, las empresas estamos sufriendo la competencia desleal de Correos que, con fondos públicos está bajando los precios asumiendo pérdidas, para hacerse con una posición cuasi monopolística, que debería suspenderse antes de mandar al paro a varios miles de trabajadores y transportistas.
Este es un claro ejemplo en el que, si nos unimos como canarios para mejorar la competitividad, la fuerza del grupo superaría la de la suma de sus elementos por separado.






