Ainoa Quiñones, delegada especial del Estado en la Zona Franca de Santander, forma parte las “Conversaciones Francas” de la Zona Franca de Gran Canaria, y con ella conocemos en profundidad la organización que lidera, y como esta empresa pública está dedicada al desarrollo de actividades industriales, económicas y mercantiles en la región de Santander.
La reciente conversación del podcast Conversaciones Francas de la Zona Franca de Gran Canaria vuelve a poner sobre la mesa una idea tan evidente como, en ocasiones, infrautilizada: el archipiélago canario ocupa una posición geográfica única en el mundo. Un enclave que no solo conecta continentes, sino que puede actuar como verdadero nodo tricontinental entre África, Europa y América.
Desde esta perspectiva, la Zona Franca de Gran Canaria dispone de un activo diferencial que no tienen la mayoría de zonas francas europeas. Su ubicación en el Atlántico medio no es solo un dato geográfico, sino una palanca estratégica con capacidad real para atraer inversión, industria y actividad logística de alto valor añadido.
Sin embargo, como se reconoce en el propio análisis del podcast, convertir esa ventaja en una estrategia efectiva no es sencillo. Requiere visión, especialización y, sobre todo, una clara orientación hacia mercados concretos. En este sentido, África aparece como el gran vector de oportunidad. La proximidad física y cultural, junto con el crecimiento económico de numerosos países del continente, abre la puerta a desarrollar nichos específicos que posicionen a Gran Canaria como plataforma de entrada y salida de mercancías, servicios y capital.
La clave, por tanto, no está únicamente en la ubicación, sino en saber qué tipo de actividad atraer y cómo diferenciarse en un entorno global altamente competitivo.
Santander y Canarias: dos modelos con historia común
La conversación con Ainhoa Quiñones, introduce un interesante contrapunto. Santander, con una tradición que se remonta al antiguo depósito franco y su conversión en zona franca en 2018, representa un modelo distinto, más vinculado a la escala local y a la integración puerto-ciudad.
Ubicada dentro del puerto, con unos 20.000 metros cuadrados de instalaciones, la Zona Franca de Santander es un ejemplo de cómo estas herramientas pueden adaptarse a realidades territoriales muy diferentes. Su carácter histórico y su conexión directa con la ciudad la convierten en un elemento emblemático del tejido económico local.
A diferencia de Canarias, donde el foco está en la proyección internacional y el papel geoestratégico, Santander opera en una escala más contenida, pero no por ello menos relevante. De hecho, ambas zonas comparten retos similares: ganar visibilidad, atraer empresas y consolidar su papel dentro de la cadena logística.
Las zonas francas, grandes desconocidas
Uno de los aspectos más llamativos que emerge del diálogo es la falta de conocimiento generalizado sobre lo que son realmente las zonas francas y el potencial que ofrecen. Incluso dentro del propio sector logístico y portuario, muchas empresas desconocen las ventajas fiscales, aduaneras y operativas que estos espacios proporcionan.
En España existen siete zonas francas, con modelos y grados de desarrollo distintos. Algunas, como Vigo, Barcelona o Cádiz, han alcanzado un mayor nivel de madurez y se han convertido en referentes. Otras, como Santander o la propia Gran Canaria, se encuentran en una fase de crecimiento donde el margen de mejora es todavía amplio.
Este escenario, lejos de ser una debilidad, puede interpretarse como una oportunidad. La posibilidad de diseñar estrategias más flexibles, adaptadas a los nuevos flujos comerciales y a las transformaciones del comercio internacional, es una ventaja en sí misma.
El reto: pasar del potencial a la ejecución
El mensaje de fondo es claro: la Zona Franca de Gran Canaria tiene un posicionamiento privilegiado, pero ese privilegio no se traduce automáticamente en liderazgo. La competencia global entre hubs logísticos es feroz, y otros enclaves ya están explotando con eficacia su ubicación y sus capacidades.
Para Canarias, el reto pasa por concretar su propuesta de valor. Apostar por sectores específicos, reforzar su conexión con África, atraer inversión industrial y tecnológica, y consolidar su papel en cadenas logísticas internacionales serán factores determinantes en los próximos años.
Porque, en última instancia, la geografía ofrece oportunidades, pero son las decisiones estratégicas las que convierten esas oportunidades en realidad económica. Y ahí es donde se jugará el verdadero futuro de la Zona Franca de Gran Canaria.






