Afortunadamente, los tres tripulantes fueron rescatados ilesos por los prácticos del puerto. El incidente, que ya está siendo investigado, reabre el debate sobre los riesgos en las operaciones de asistencia marítima en entornos de alta densidad operativa.
El domingo 30 de junio, a las 11:00 horas aproximadamente, el remolcador Cala Gullo, propiedad de la empresa Remolques Unidos, se hundió en el Puerto de Barcelona durante una maniobra de reviro junto al buque portacontenedores MSC Cape Sounio. El accidente ocurrió cuando el remolcador realizaba tareas de apoyo a la embarcación de grandes dimensiones y, por causas aún por esclarecer, se produjo una colisión que provocó el escoramiento y posterior hundimiento del Cala Gullo.
La rápida intervención de los prácticos del puerto resultó clave para evitar una tragedia. Los tres tripulantes del remolcador fueron rescatados con éxito, sin que ninguno de ellos sufriera daños personales. Desde la Autoridad Portuaria se ha reconocido la profesionalidad y celeridad de la respuesta de los servicios de emergencia y coordinación del puerto.
El accidente tuvo lugar durante una maniobra crítica conocida como «reviro«, que consiste en girar el buque sobre su propio eje para cambiar su orientación antes de atracar o desatracar. Es una operación habitual en los puertos de contenedores, especialmente con grandes buques, con más de 330 metros de eslora. En estos casos, los remolcadores juegan un papel esencial para controlar el movimiento de la nave y evitar derivaciones o contactos con otras estructuras.
Según testigos presenciales citados por varios medios, el Cala Gullo se encontraba en posición para asistir al buque cuando, posiblemente debido a una variación en el empuje lateral o a una pérdida de comunicación en la maniobra, fue golpeado por la proa del portacontenedores, lo que causó su escoramiento repentino y posterior naufragio.
Investigación en curso y medidas de seguridad
La Autoridad Portuaria de Barcelona ha abierto una investigación para determinar las causas exactas del incidente. También se espera la participación de la Capitanía Marítima, que deberá emitir un informe técnico sobre el desarrollo de la maniobra y las responsabilidades correspondientes.
El accidente no ha causado vertidos significativos ni interferencias en la operativa del puerto, aunque el área ha sido balizada y se están realizando labores de inspección subacuática para determinar el estado del casco del remolcador y evaluar las opciones de reflotamiento.
Un recordatorio de los riesgos en puerto
Este accidente pone de manifiesto la complejidad y peligrosidad de las maniobras portuarias, incluso en entornos altamente profesionalizados como el Puerto de Barcelona. Los remolcadores, aunque pequeños en comparación con los grandes buques mercantes, desempeñan un papel vital y arriesgado. La coordinación entre prácticos, capitanes de remolcadores y tripulaciones de grandes buques es esencial para garantizar la seguridad en unas aguas cada vez más congestionadas.
Desde la comunidad portuaria, se ha destacado la importancia de reforzar las medidas de formación, comunicación y protocolos conjuntos entre actores implicados en operaciones de gran calado.
Un susto que no debe caer en saco roto
Aunque el Cala Gullo acabó en el fondo del puerto, sus tres tripulantes salieron con vida gracias a una reacción rápida y eficaz. Pero el incidente deja tras de sí una serie de interrogantes sobre los procedimientos actuales, la coordinación operativa y la gestión del riesgo en entornos portuarios de alta intensidad.
El Puerto de Barcelona, uno de los más activos del Mediterráneo, se enfrenta ahora al reto de extraer lecciones de lo ocurrido para seguir elevando sus estándares de seguridad. El mar no perdona errores, y cada maniobra, por rutinaria que parezca, requiere precisión, coordinación y, como se ha demostrado una vez más, una preparación impecable.





