Contra los lobbies, nada mejor que tener los propios
TPC (Trabajadores por los Puertos de Canarias) y ATLANTICAN (Asociación Atlántica de Empresas Portuarias, Náuticas, Industriales y de Ingeniería de Canarias) nacen prácticamente de la mano, con expedientes consecutivos, vocación regional y el propósito de hacerse oír en los puertos canarios.
La casualidad tiene además un ingrediente delicioso: detrás de la nueva patronal está Tenerife Shipyards y dos de las cinco promotoras del nuevo sindicato aparecen profesionalmente vinculadas al mismo entorno empresarial. Todo ello mientras Jonathan Pérez lleva años alertándonos, precisamente, de los peligros de los lobbies. Hay coincidencias que tienen un extraordinario sentido del humor.
Canarias acaba de descubrir una fórmula revolucionaria para combatir los lobbies: crear otros. No uno, además. Dos. Uno empresarial y otro sindical. Por aquello de cubrir convenientemente todos los flancos.
El Boletín Oficial de Canarias del jueves 13 de agosto ofrece una de esas pequeñas maravillas administrativas que, leídas sin prisa, tienen más literatura que muchas novelas. Primero aparece el anuncio 2916: constitución de Trabajadores por los Puertos de Canarias (TPC), depósito número 75100096. Inmediatamente después, anuncio 2917: constitución de la Asociación Atlántica de Empresas Portuarias, Náuticas, Industriales y de Ingeniería de Canarias (ATLANTICAN), depósito 75100097.
Sí. 96 y 97.
Ni siquiera la burocracia tuvo tiempo de meter otro expediente por medio.
Las dos resoluciones tienen, además, exactamente la misma fecha: 30 de julio de 2026. Ambas organizaciones tienen ámbito regional. Ambas irrumpen en el ecosistema portuario canario reclamando representación. Y ambas llegan con el propósito, perfectamente legítimo, de ganar capacidad de interlocución en un sector donde ya existían organizaciones empresariales y sindicales.
Una sincronización admirable. Podría ser simplemente casualidad. Por supuesto.
Una patronal para acabar con las patronales que no nos gustan
ATLANTICAN tiene detrás a Tenerife Shipyards, Hidramar Senegal y EVS Inspecciones. Su solicitud de depósito fue presentada personalmente por Jonatan Pérez Padrón, consejero delegado de Tenerife Shipyards, el 10 de julio. Atlántico Hoy interpreta su nacimiento como un desafío a Fedeport, la organización empresarial canaria que ya tenía vocación regional y en la que participan, entre otras compañías, competidores de Hidramar como Astican.
Nada reprochable. Las empresas tienen todo el derecho del mundo a asociarse para defender sus intereses. Incluso cuando llevan años explicándonos lo pernicioso que resulta que determinadas empresas se asocien para defender los suyos.
Ahí empieza la parte entretenida. Porque Jonathan Pérez no ha sido precisamente un observador indiferente del fenómeno de los lobbies. Su batalla dialéctica contra ellos viene de lejos.
Ya en 2019 afirmaba en una entrevista con Cinco Días que Tenerife Shipyards libraba una batalla contra el “lobby” establecido en la reparación naval canaria y denunciaba un supuesto monopolio que, según su interpretación, ejercía influencia sobre las asociaciones empresariales.
La cosa no terminó ahí.
En una publicación posterior en LinkedIn fue todavía más explícito al asegurar que determinadas instituciones habían sido “capturadas” por una lógica de derechos adquiridos de “lobbies locales” e intermediarios. Defendía frente a ello la libre competencia, la seguridad jurídica y la entrada de nuevos operadores.
Y en junio de 2025, en un artículo firmado en Diario de Avisos, reclamaba la llegada de personas que no obedecieran a lobbies, sino a su conciencia, al tiempo que denunciaba intereses particulares, redes clientelares y estructuras que, según su visión, condicionaban el funcionamiento de los puertos.
El mensaje ha sido constante. Los lobbies son malos. Salvo, quizá, cuando el lobby es de uno. Entonces se llama vertebración sectorial. Mucho más elegante.
Y por el otro costado aparece un sindicato
Pero el BOC guardaba una segunda sorpresa. Justo antes de ATLANTICAN aparece Trabajadores por los Puertos de Canarias (TPC).
El nuevo sindicato dice querer representar y defender a los trabajadores de las infraestructuras e industrias vinculadas con la actividad marítima y portuaria de todo el Archipiélago. Su constitución está promovida por cinco personas: María Elena Ruiz Escuela, Nayara González Díaz, Unise Daimed Pérez Meza, Keila Moreno Suárez y Orlando Domínguez Marrero.
Hasta aquí, nada especialmente llamativo. La pequeña sorpresa aparece cuando uno busca quiénes son algunos de sus promotores.
Nayara González Díaz figura públicamente en LinkedIn como profesional de Recursos Humanos de Tenerife Shipyards. Y Keila Moreno Suárez aparece como técnica de Recursos Humanos en Hidramar Shipyards.
Es decir: de los cinco nombres que aparecen promoviendo la nueva organización sindical, al menos dos presentan públicamente una vinculación profesional directa con el grupo empresarial cuyo consejero delegado acaba de promover, en el expediente inmediatamente posterior, una nueva patronal portuaria.
Insistimos: eso no demuestra por sí mismo ninguna actuación irregular ni permite afirmar que ambas organizaciones sean una operación coordinada.
Pero reconocerán que para una columna irónica el material viene prácticamente redactado por el propio Boletín Oficial.
Sindicato número 96.
Patronal número 97.
Y todos rumbo al mismo puerto.
Representación inclusiva, siempre que sea la adecuada
La paradoja gana todavía algún grado cuando se revisan las propias reflexiones recientes de Pérez.
Hace apenas unos meses criticaba en LinkedIn que Tenerife Shipyards hubiera quedado fuera de la negociación del convenio siderometalúrgico de Tenerife y censuraba que determinadas entidades se arrogaran la representación de un sector excluyendo a otras empresas. Terminaba reclamando que la “representación sectorial sea inclusiva, no selectiva”.
Problema detectado. Solución empresarial: montar otra asociación.
Y, casualidades del calendario administrativo, prácticamente al mismo tiempo surge también una nueva organización sindical portuaria.
Es difícil discutir la coherencia del método. Si no te representa suficientemente la representación existente, crea una representación alternativa. Si el interlocutor empresarial no te convence, crea una patronal. Si el mapa sindical tampoco parece suficientemente satisfactorio, aparece un sindicato.
Y si alguien pregunta si estamos ante nuevos grupos organizados que pretenden influir en decisiones administrativas, regulatorias, empresariales o laborales… Por favor. No utilicemos palabras feas. Eso solo es lobby cuando lo hacen los demás.
El maravilloso proceso de metamorfosis del lobby
El fenómeno merece incluso estudio académico.
Un lobby ajeno aparentemente funciona así: intereses particulares + organización + capacidad de influencia = lobby.
Uno propio, en cambio, experimenta una sorprendente metamorfosis: intereses particulares + organización + capacidad de influencia = defensa de la competencia, vertebración sectorial y representación legítima.
La diferencia científica todavía está pendiente de determinar. Probablemente dependa de quién figure en la cabecera del documento.
ATLANTICAN declara entre sus objetivos ganar representatividad institucional ante el Gobierno de Canarias, las autoridades portuarias, el Estado o la Unión Europea, además de defender concesiones, infraestructuras, competencia y los intereses de sus asociados.
Es exactamente para eso para lo que existen las organizaciones empresariales.
Y no tiene nada de malo.
Como tampoco tiene nada de malo que Fedeport, Femete, CEOE, sindicatos, asociaciones profesionales o cualquier otro colectivo intenten influir legítimamente en las decisiones públicas que afectan a sus miembros.
Quizá la conclusión incómoda sea precisamente esa. Que el problema nunca fueron los lobbies. El problema, aparentemente, eran determinados lobbies.
Qué caprichoso es el BOC
No sabemos qué recorrido tendrán ATLANTICAN y TPC.
Tampoco existe, con la documentación pública consultada, base suficiente para afirmar que ambas organizaciones formen parte de una estrategia conjunta. Conviene dejarlo expresamente señalado.
Pero los hechos conocidos son extraordinariamente curiosos. Dos nuevas organizaciones de ámbito portuario canario. Una empresarial y otra sindical. Ambas de ámbito regional. Ambas constituidas mediante resoluciones del mismo día. Ambas publicadas consecutivamente en el mismo Boletín Oficial. Depósitos 75100096 y 75100097.
Y, además, entre los cinco promotores del sindicato aparecen al menos dos profesionales públicamente vinculadas a Tenerife Shipyards/Hidramar, mientras la patronal inmediatamente posterior está promovida precisamente por Tenerife Shipyards, Hidramar Senegal y EVS Inspecciones.
Todo perfectamente legal. Todo perfectamente explicable. Todo, seguramente, fruto del dinámico despertar asociativo del sector marítimo-portuario canario.
Pero uno no puede evitar acordarse de tantos mensajes de Jonathan Pérez contra las estructuras de influencia, los intereses organizados, los monopolios, las asociaciones que se arrogan representatividades y, naturalmente, los omnipresentes lobbies.
Al final va a resultar que Jonathan Pérez tenía razón.
Los lobbies tienen muchísimo poder.
Tanto, que la mejor manera de combatirlos parece ser fundar uno.
Y, por si acaso, que el número siguiente del BOC venga bien acompañado.
Ahora solo nos queda ver el nacimiento de un nuevo partido político, promovido quién sabe, si por los mismos promotores que critican a los actuales partidos políticos de corte canario. Y así cerramos el círculo.
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