La Corte Suprema de los EEUU acaba de dictaminar que los aranceles impuestos por la Casa Blanca en el Liberation Day del 2 de abril del año pasado son ilegales. En su sentencia, afirman que el presidente no tiene autoridad unilateral para imponer aranceles, a la vez que confirman que los aranceles son, a la fin, tasas impositivas, vaya, impuestos.
Tras conocer esta impactante noticia, un irascible Dondald J Trump se apresuró a convocar una rueda de prensa para insultar a los magistrados que votaron en contra de sus aranceles, tildándolos de estar influenciados por fuerzas foráneas y ser una panda de rhinos; a la vez que anunció un arancel universal del 10% para todas importaciones al país de las 50 estrellas y 14 barras. Al día siguiente se lo pensó de nuevo y alzó su desafío al Tribuna Supremo, subiendo el arancel universal al 15%, medida válida por 150 días, con efecto inmediato. Si quisiera mantenerlos, debería pasar por la aprobación del Congreso según establece el Acta comercio de 1974 en su sección 122.
Cierta mofa se nota en su discurso cuando afirma que esta sentencia no dice nada de si el gobierno puede quedarse lo recaudado hasta el momento, o debe devolverlo. El problema tiene complicada solución, dado que el agujero que supondría el abono dejaría las arcas públicas en una situación límite, dado que la deuda que arrastra es ya de por si difícil de afrontar. Pero en caso de que se tratase de abonar, además de la tremebunda tarea administrativa, resulta imposible compensar a los exportadores que asumieron los aranceles, total o parcialmente, por mantener sus exportaciones a EEUU.
De cualquiera de las maneras, no parece que la solución vaya a ser inmediata, y puede prolongarse hasta el final del mandato de Trump, dado que ya confirmó que recurrirá la sentencia y la dejará sumida en los procesos legales y judiciales, litigándola al máximo posible.
750 mil millones de dólares que quedan en el limbo. Hace meses, Trump afirmaba que, con los ingresos arancelarios, iba a repartir cheques de mil o dos mil dólares a los ciudadanos americanos y el resto irían destinados a liquidar la inmensa deuda soberana, que asciende en estos momentos a unos $37.000.000.000.000. Papel mojado imposible de reciclar ni usar de manera alguna de provecho. Pecata minuta.

Esta situación significa otro nuevo Cisne Negro disruptivo para el comercio global, que ya andaba sumido en la confusión e incertidumbre. Los chinos salen ganando, dado que ya fueron preparando este escenario y ya han derivado las exportaciones fabriles a mercados alternativos, básicamente el resto del mundo.
Queda patente que los flujos comerciales han variado considerablemente, por lo que la logística internacional se ha tenido que ir amoldando para cubrir las dinámicas demandas de transporte de mercancías.
Ante tal tesitura, esta pluma se pregunta si estamos frente al fin del American Dream… Tempo al tempo.






