La energía eléctrica es indispensable para el funcionamiento de los buques. Hace que se mueva el timón y que funcionen numerosos aparatos auxiliares, junto con los circuitos hidráulicos. Suministra alumbrado y fuerza para mover el barco, y acciona los sistemas de radio, radar, etcétera. La suministran las plantas generadoras, que pueden estar constituidas por sistemas de corriente alterna o continua. Hasta hace unos años, la mayoría de los buques mercantes tenían una instalación eléctrica trifásica, de 440 voltios (V), tensión que pertenecía a la categoría denominada de “Baja Tensión (BT)”, que servía para satisfacer las demandas de motores de potencia media. Pero las cosas están cambiando con la llegada de los grandes transatlánticos y la propulsión eléctrica, por lo que están apareciendo en los buques voltajes superiores a 1000 V, que se denominan de “Alta Tensión”, y que exigen procedimientos de seguridad más estrictos.
Motivos de la aparición del alto voltaje
El tonelaje de los barcos ha aumentado mucho, y por eso requieren más potencia. La tensión de suministro habitual de 440 V se ha elevado, inicialmente hasta 690 V y posteriormente por encima de los 1000 V.
Entre las razones específicas que han empezado a requerir tensiones mayores se podría destacar el desarrollo de buques más grandes para el transporte de contenedores (particularmente contenedores frigoríficos), el transporte de gas con exigencia de alta refrigeración de la carga, la demanda de energía de los grandes trasatlánticos, o la aparición de la propulsión eléctrica.

Ventajas y desventajas de la alta tensión
Entre las ventajas de una instalación de alta tensión (“AT” o “HV”, de las siglas en inglés), destacaremos las relacionadas con la clásica ley de Ohm. Según esta ley, la corriente (para una potencia dada) se reduce a medida que aumenta el voltaje. Por ejemplo, para alcanzar una potencia de “880 Kw”, que sería la necesaria para que pudiera navegar el ferry eléctrico más grande del mundo, se necesitarían “440 Volts”, y “2000 Amps”. Pero también se podría conseguir esa misma potencia con “1100 Volts” y “800 Amps”; o con “11000 Volts” y “80 Amps”.
Como se puede observar, aumentando mucho la tensión, es posible reducir la intensidad de corriente. Por lo tanto, al trabajar en alta tensión se puede reducir significativamente el tamaño total relativo y el peso de los equipos de energía eléctrica, aunque también habrá que tener en cuenta el aumento de las protecciones.
Certificado de suficiencia en alto voltaje
El Ministerio de Fomento publicó en resolución de 8 de febrero de 2018, de la Dirección General de la Marina Mercante, las condiciones exigibles para la obtención del certificado de suficiencia en alto voltaje. Con él se buscaba determinar las condiciones que debían poseer los jefes y oficiales de máquinas, así como los oficiales electrotécnicos a bordo de los buques mercantes españoles, para operar con sistemas de alto voltaje (AV).
La resolución indica que se exigirá la posesión del certificado de suficiencia de AV a todos aquellos oficiales que posean un título de competencia del departamento de máquinas de conformidad al Convenio STCW y vayan a prestar servicios en buques con un sistema de AV, entendiéndose por éste, aquel que genera, transforma o distribuye corriente eléctrica, a una tensión de 1.000 voltios o superior. No se incluyen aquellos sistemas donde el AV se utiliza localmente, por ejemplo, sistemas de encendido, transmisión de radio, radar y otros equipos de navegación.

Protección frente a riesgos eléctricos
El RD 614/2.001 (publicado en el BOE 148 del 21 de junio de 2.001), tiene por objeto la protección de los trabajadores frente al riesgo eléctrico, aplicándose a todos los lugares donde exista éste, ya sea el derivado de las propias instalaciones eléctricas o de los trabajos que se realicen en ellas o sus proximidades, tanto de AT como de baja tensión (BT).
Asimismo, el RD 614 indica que las técnicas y procedimientos empleados para trabajar en instalaciones eléctricas, o en sus proximidades, se establecerán teniendo en consideración la evaluación de los riesgos que el trabajo pueda suponer, habida cuenta de las características de las instalaciones, del propio trabajo y del entorno en el que va a realizarse.

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