La ‘Nao Santa María’ culmina en Vigo un mes de cinco grandes veleros históricos
La réplica del barco de Colón podrá visitarse en Portocultura hasta el 25 de octubre y cierra una programación que ha reunido en la ría al ‘Georg Stage’, el ‘Gunilla’, el ‘Sørlandet’ y el ‘Alva’.
La llegada de la réplica de la Nao Santa María cierra en Vigo un octubre marcado por la presencia de cinco grandes veleros históricos. La embarcación puede visitarse en el espacio de Portocultura desde el 16 hasta el 25 de octubre, en horario de 10.00 a 20.00 horas, dentro de una programación impulsada por la Autoridad Portuaria de Vigo y la Fundación Traslatio para acercar el patrimonio marítimo al público.
El presidente de la Autoridad Portuaria, Carlos Botana, visitó la nave coincidiendo con la apertura. La escala se integra en la estrategia institucional de reforzar la relación entre el puerto y la ciudad mediante actividades divulgativas y culturales. Vigo convierte así sus muelles no solo en plataforma de comercio y transporte, sino también en un escaparate de la navegación tradicional, la formación marinera y las técnicas de construcción naval.

La Santa María es una réplica del barco que capitaneó Cristóbal Colón en el viaje de 1492. Mide 28,3 metros de eslora y fue construida en España por la Fundación Nao Victoria, entidad especializada en reproducir embarcaciones vinculadas a grandes episodios de la historia marítima. Su visita permite conocer la escala real de la navegación oceánica de finales del siglo XV y las condiciones de vida y trabajo a bordo.
La nave completa una secuencia iniciada a principios de mes con el Georg Stage, que permaneció en Vigo del 4 al 7 de octubre. Este velero escuela danés de 54 metros combina conservación patrimonial y formación práctica. Su presencia recordó el papel que los buques escuela siguen desempeñando en la transmisión de disciplina, seguridad, trabajo en equipo y conocimientos náuticos, incluso en una industria cada vez más digitalizada.
Entre el 7 y el 11 de octubre fue el turno del Gunilla, una goleta sueca de 50 metros con más de 1.000 metros cuadrados de superficie vélica. La embarcación forma parte de los programas educativos que utilizan la vida a bordo como herramienta de aprendizaje. Además de su valor visual, estos barcos mantienen oficios, maniobras y rutinas que conectan la navegación contemporánea con una tradición técnica acumulada durante siglos.
El Sørlandet recaló del 10 al 14 de octubre. Con 64 metros de eslora y botado en Noruega en 1927, está considerado el buque de aparejo completo en activo más antiguo. Su conservación refleja el esfuerzo económico y técnico necesario para mantener operativa una pieza de patrimonio flotante: inspecciones, renovación de jarcia, cuidados del casco y actualización de los equipos de seguridad deben convivir con la preservación de su identidad histórica.
El quinto visitante del mes es el Alva, un velero sueco de 43 metros que permanecerá en Vigo del 10 al 20 de octubre. Su estancia incluye tareas de mantenimiento y cambio de tripulación, además de jornadas de apertura al público. Esa combinación muestra otra dimensión de estas escalas: junto a la actividad cultural, generan servicios portuarios, aprovisionamiento y trabajos técnicos para empresas locales.
La concentración de veleros aporta al puerto una programación singular y facilita que residentes y visitantes se acerquen a embarcaciones normalmente dedicadas a itinerarios internacionales. La iniciativa se suma a otras acciones de memoria marítima desarrolladas por Vigo, como el reciente homenaje al histórico Rías Bajas y a sus tripulantes, que vinculó el patrimonio naval con la historia laboral y social de la ría.
Para el puerto, abrir sus espacios a este tipo de visitas contribuye a explicar una actividad que muchas veces queda fuera de la vista cotidiana. Los buques históricos permiten hablar de cartografía, comercio, migraciones, exploraciones, meteorología, construcción naval y evolución de la seguridad marítima. También sirven para presentar a nuevos públicos las profesiones del mar y el peso que la cultura oceánica mantiene en la identidad de Vigo.
La Nao Santa María pone el broche a esa secuencia con una propuesta accesible durante diez días. Su escala prolongada ofrece margen para visitas familiares y educativas, mientras que la sucesión de cinco barcos durante octubre consolida Portocultura como lugar de encuentro entre el recinto portuario y la ciudadanía. El balance final dependerá de la afluencia y de la continuidad del programa, pero el mes deja ya una imagen poco habitual: cinco generaciones y tradiciones de vela reunidas en una misma ría.
Regístrate gratis para pedirle a CAMAL AI un resumen, las claves o lo que quieras sobre esta noticia.



