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miércoles, 2 de septiembre de 2026 · 21:13 · España ·
HISTORIAS DE CONSTRUCCIóN NAVAL

El mareo en los buques: causas, efectos y formas de prevención

Raúl Villa Caro, doctor ingeniero naval y oceánico, oficial de la Armada (R), capitán de marina mercante y secretario de la Fundación EXPONAV.

Un dicho popular asegura que en la mar hay dos tipos de hombres: los que se marean, y los “que dicen” que no se marean. Este fenómeno indeseable en los buques, conocido como cinetosis o mareo por movimiento, es uno de los fenómenos más antiguos y peligrosos de la navegación, y del que pocas personas escapan, aunque no siempre lo reconozcan. Hasta determinados estados de la mar este momento se podría considerar una molestia pasajera, a la que todos se acostumbran, pero en ciertos casos puede afectar a la calidad de la vida a bordo, a la eficacia del trabajo, y a la seguridad.

Origen del problema

El mal de mares afecta tanto a las personas como a los animales, alterando el sentido del equilibrio y la orientación espacial, por la existencia de una contradicción entre las señales que recibe el cerebro, y lo que parece que está ocurriendo. El oído interno, detecta las aceleraciones, giros e inclinaciones provocados por el balance y las cabezadas del buque, pero los ojos del marino se mueven en un entorno aparentemente estático. Esta discordancia entre lo que se “ve” y lo que “siente”, es el motivo que provoca el mareo.

El mareo es un trastorno del equilibrio que afecta a la mayoría de los marinos en algún momento de su vida. Los elegidos, los que nunca se marean (de verdad), son raras excepciones. Aunque lo habitual es que, pasado un tiempo, se tienda a superarlo, sino para siempre, al menos hasta el siguiente embarque.

Los síntomas

Los más habituales son los bostezos, el dolor de cabeza, las náuseas (y vómitos), el sudor, la palidez en la cara, y la fatiga en general. Desgraciadamente provocan dificultad para concentrarse, por lo que pueden llegar a reducir la capacidad de vigilancia, y afectar a la toma de decisiones y ejecución de tareas náuticas.

Obviamente no todos los buques provocan el mismo grado de mareo, ni afectan de igual manera a todas las personas. El tipo de nave, su eslora, la manga, el calado, o sus formas, afectan a la estabilidad del barco, y consecuentemente a su comportamiento en la mar y a la calidad de la vida a bordo. Lo normal es que los buques más pequeños transmitan movimientos más bruscos y rápidos, lo que a su vez aumenta la probabilidad de que aparezca el temible mareo. También influye la zona por la que navegue el buque, y la época del año: existen “mares y mares”.

Mareo
Resumen del mareo a bordo (Fuente: IA)

Situación a bordo

Nuestra posición en el buque es otro factor importante. Las zonas situadas cerca del centro, en crujía, suelen experimentar menores aceleraciones, lo que puede reducir la sensación de movimiento, y de mareo. En cualquier caso, la susceptibilidad individual varía mucho, por lo que algunas personas se marean en casi cualquier circunstancia, mientras que otras apenas lo padecen.

Obviamente hay factores que aceleran la aparición del enemigo indeseable. La edad, el cansancio, el estrés, el consumo de alcohol, la falta de sueño, o determinados olores (como el del gasoil marino), son algunos de ellos. Y cómo no, influye la experiencia, que con el tiempo dota a los navegantes de cierta habituación, al familiarizarse su organismo a las señales del movimiento.

Pero bueno, no hay milagros. A veces personas experimentadas pueden marearse tras un periodo prolongado en tierra, o en ciertos viajes especialmente duros. Incluso existen casos de marinos ilustres que no lograron vencer a este enemigo, como el del almirante británico Nelson, quien sufrió mareos durante toda su carrera.

¿Existen remedios para vencerlo?

Al menos existen ciertas medidas para prevenirlo o reducirlo tras su aparición. Una de las más conocidas es la de intentar mirar al horizonte. Al fijar la vista en un punto estable y lejano, el cerebro recibe una referencia visual compatible con el movimiento percibido por el oído, lo que reduce la sensación del mareo.

En cualquier caso, siempre está la posibilidad de salir a cubierta, e intentar respirar aire fresco. Y cuando es posible, conviene evitar la lectura, y hoy en día el uso del teléfono móvil o del ordenador.

Una buena alimentación también puede ayudar a no marearse (o al menos a hacerlo menos). Las comidas ligeras, y evitar el exceso de líquidos suele ayudar, aunque no son medidas decisivas. Eso sí, no se debe navegar con el estómago vacío. Esto significaría el inicio de la caída, por experiencia propia.

¿Los que mandan a bordo pueden ayudar?

Desde el punto de vista la navegación, los comandantes, capitanes y oficiales en general pueden adoptar decisiones puntuales que mejoren el confort a bordo. Variar el rumbo o la velocidad podría en ciertos momentos mejorar la situación, y por supuesto en naves dotadas de aletas estabilizadores, su activación. Pero al final los buques tienen que efectuar una misión, por lo que a veces no les queda otra que navegar con rumbo hacia donde más se mueven.

Y siempre quedará el tratamiento farmacológico que muchos utilizan y pocos reconocen. Existen medicamentos que ayudan a prevenir o reducir los síntomas del mareo. Pero ojo, algunos pueden provocar somnolencia y reducción de reflejos, lo que podría afectar a personas que tengan que desempeñar funciones críticas para la seguridad.

Uno de los documentos más completos sobre el mareo es la obra del historiador naval Fernández Duro, quien en «Disquisiciones náuticas» recopila testimonios y remedios históricos. También el capitán de Navío Cánovas Sánchez nos hablaba sobre el mal de los mares en el número de marzo de este año de la Revista General de Marina.

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