Trump abre la construcción naval militar de EEUU a astilleros extranjeros para recuperar capacidad industrial
La Casa Blanca permitirá que constructores internacionales fabriquen inicialmente hasta dos buques en sus astilleros de origen si, a cambio, invierten en instalaciones estadounidenses, transfieren tecnología y forman trabajadores locales. Washington proyecta además un quinto astillero naval público y una profunda reforma de su sistema de construcción y reparación militar.
Estados Unidos ha dado un paso de considerable alcance para intentar reconstruir una industria naval que la propia Administración reconoce incapaz de responder actualmente al ritmo de crecimiento que pretende imponer a su flota. El presidente Donald Trump firmó el 13 de agosto un Memorándum Presidencial de Seguridad Nacional destinado a aumentar la capacidad de construcción y reparación naval estadounidense, introducir mayor competencia y abrir la puerta a una participación muy concreta de astilleros extranjeros.
La decisión parte de un diagnóstico poco complaciente realizado por la propia Casa Blanca: sobrecostes, retrasos, cancelaciones, diseños excesivamente complejos, falta de competencia entre constructores y una base industrial y de proveedores debilitada. El documento presidencial reconoce además la existencia de importantes acumulaciones de pedidos en seis grandes programas de construcción de la US Navy y admite que la industria naval comercial estadounidense no es competitiva a escala mundial.
La respuesta de Washington supone, en la práctica, combinar proteccionismo industrial con la utilización temporal del conocimiento, la capacidad productiva y la tecnología de constructores extranjeros.
El “modelo Finlandia”: construir fuera para acabar construyendo dentro
Una de las medidas más relevantes para la industria naval internacional es la extensión del denominado “Finland Model”, utilizado inicialmente en el programa estadounidense de rompehielos.
El esquema permitirá recurrir a constructores navales extranjeros para determinadas clases de buques. Como mecanismo de transición, el astillero internacional podrá construir hasta los dos primeros buques en sus propias instalaciones fuera de Estados Unidos, pero deberá hacerlo acompañado de una inversión industrial estable en territorio estadounidense.
Las condiciones establecidas son especialmente significativas. El constructor extranjero tendrá que construir un nuevo astillero en Estados Unidos o adquirir el control o una participación mayoritaria en uno existente, contratar y formar trabajadores estadounidenses, licenciar a las instalaciones norteamericanas sus técnicas y tecnologías de construcción naval y desarrollar una cadena de suministro estadounidense para la construcción y posterior mantenimiento de los buques. A partir de esas dos primeras unidades, los siguientes barcos deberán construirse ya en Estados Unidos.
No se trata, por tanto, de trasladar permanentemente contratos militares estadounidenses hacia astilleros internacionales, sino de utilizar temporalmente su capacidad para reducir los actuales déficits de producción y, al mismo tiempo, importar conocimiento, tecnología y capacidad empresarial que permita reconstruir la industria naval doméstica.
El memorándum contempla aplicar este modelo hasta a tres clases de buques y ordena preparar en un plazo de 90 días un nuevo sistema competitivo de adquisición de determinadas unidades de combate de superficie. También abre esta fórmula a buques logísticos de aprovisionamiento en la mar y a unidades Ro-Ro.
Una oportunidad para los grandes grupos navales internacionales
La fórmula puede alterar el mapa internacional de la construcción naval militar. Aquellos grupos extranjeros capaces de aportar diseños maduros, tecnología probada y capacidad inmediata de fabricación pueden encontrar una nueva vía de entrada en el gigantesco mercado estadounidense, aunque bajo unas condiciones que obligan a establecerse industrialmente en el país.
El planteamiento encaja con uno de los principales problemas que Washington pretende corregir: los constantes cambios introducidos durante el desarrollo de los proyectos.
El memorándum ordena expresamente que la Marina estadounidense no imponga modificaciones sucesivas sobre los diseños originales ya maduros de los programas acogidos a esta fórmula. Cualquier alteración deberá contar con autorización de alto nivel. El objetivo es reducir una de las causas que la Administración identifica detrás de los retrasos y sobrecostes de numerosos programas navales.
La filosofía cambia así parcialmente el modelo tradicional: en lugar de desarrollar desde cero determinadas plataformas dentro del sistema estadounidense, Washington quiere poder incorporar diseños internacionales suficientemente probados, acompañándolos posteriormente de transferencia tecnológica e industrial hacia Estados Unidos.
El primer nuevo astillero público de la Marina en más de 80 años
El plan de Trump contempla también una actuación de enorme importancia industrial: la creación de un quinto astillero naval público de la US Navy, el primero de estas características que Estados Unidos proyecta establecer en más de ocho décadas.
El Departamento de Guerra deberá presentar en 120 días un plan para ampliar la capacidad de mantenimiento de submarinos nucleares y portaaviones, combinando las capacidades del sector privado con la creación de esa nueva instalación pública.
La prioridad estará vinculada al Pacífico. El memorándum ordena estudiar emplazamientos próximos a la Flota estadounidense del Pacífico, incluyendo la costa continental, Alaska, Hawái y los territorios estadounidenses.
El futuro complejo deberá disponer de suficiente capacidad para atender el crecimiento previsto de la flota de submarinos de ataque durante las próximas dos décadas y podrá incorporar hasta tres nuevos diques secos capaces de recibir las diferentes clases actuales y futuras de submarinos. El Gobierno estudiará asimismo fórmulas de financiación mediante asociaciones público-privadas.
Un gran centro de reparación de componentes
La reconstrucción industrial no se limita a fabricar nuevos barcos.
La Administración Trump ordena igualmente elaborar un proyecto para crear un Component Repair Center, un centro especializado en recibir, reparar, reacondicionar y almacenar componentes esenciales para los programas estadounidenses de submarinos.
La instalación deberá situarse en una zona con buenas conexiones por carretera, ferrocarril y transporte fluvial y mantener existencias suficientes para disponer, al menos, de un juego completo de repuestos para las clases de submarinos Los Angeles, Virginia, Seawolf, Ohio y Columbia.
La medida pone de manifiesto que el problema identificado por Washington no se encuentra únicamente en los grandes astilleros. El cuello de botella alcanza también a la industria auxiliar, los proveedores, los componentes y la capacidad de mantenimiento.
Reforma de NAVSEA
Otro de los pilares del memorándum será la revisión de Naval Sea Systems Command (NAVSEA), organismo responsable de buena parte de la ingeniería, construcción y mantenimiento de los buques y sistemas de la Marina estadounidense.
Trump reclama una reorganización dirigida a introducir criterios de responsabilidad vinculados a los plazos de entrega, reducir burocracia y evitar prioridades contradictorias entre departamentos que puedan provocar barcos excesivamente complejos, caros o retrasados.
En 120 días deberá presentarse una propuesta de reforma organizativa, estructural y de personal.
Trump vuelve también a sistemas tradicionales en los portaaviones
Entre las decisiones más llamativas figura la orden de estudiar la sustitución en el futuro portaaviones CVN-81 del sistema electromagnético de lanzamiento de aeronaves y de los elevadores avanzados de armamento.
El memorándum exige que en 60 días se presente un plan para reemplazarlos por sistemas de vapor e hidráulicos, respectivamente, incluyendo calendario y necesidades presupuestarias.
La medida ilustra otro principio que recorre todo el documento presidencial: priorizar tecnologías que la Administración considera probadas, fiables y económicamente asumibles frente a sistemas de mayor complejidad.
La construcción naval vuelve al centro de la política industrial estadounidense
El nuevo memorándum no constituye una iniciativa aislada. Forma parte de la estrategia de recuperación de la denominada “Maritime Dominance” impulsada por Trump desde 2025.
En abril de ese año, la Administración aprobó una orden ejecutiva específica para revitalizar la capacidad marítima estadounidense y, en febrero de 2026, la Casa Blanca presentó su Maritime Action Plan, que amplía el concepto de base industrial marítima para abarcar construcción naval civil y militar, reparación, cadenas de suministro, transporte marítimo, infraestructuras portuarias y formación de trabajadores.
Washington está convirtiendo así la construcción naval en una cuestión simultáneamente industrial, comercial y de seguridad nacional.
La peculiaridad del nuevo paso es que Estados Unidos parece asumir que recuperar rápidamente décadas de capacidad perdida no puede hacerse exclusivamente con recursos internos. El Gobierno quiere aprovechar la experiencia de los astilleros extranjeros, pero estableciendo una condición inequívoca: quien quiera participar en la reconstrucción de la flota estadounidense tendrá que contribuir también a reconstruir la industria naval de Estados Unidos.
Para la construcción naval internacional, el mensaje abre una etapa de oportunidades, pero también de profundas transformaciones. Washington ofrece acceso a uno de los mayores programas de renovación naval del mundo, aunque no pretende convertirse simplemente en comprador de barcos extranjeros. Su objetivo es mucho más ambicioso: atraer capital, tecnología, conocimiento y trabajadores hacia sus propios astilleros hasta recuperar una capacidad industrial que la propia Casa Blanca reconoce haber perdido.
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